miércoles, 28 de junio de 2017

Opinión: Punto verde a quienes Reparten su Trabajo en la Administración


El pasado 5 de junio, dentro de los actos de concesión de los puntos negro y verde, que otorga el grupo “Banatu Taldea - Iniciativa por el Reparto” cada año, a quienes se han distinguido, negativa y positivamente, en cuestiones de destrucción de empleo o del reparto del mismo, recogimos nosotros dos en representación, la distinción que este año se ha hecho al personal empleado público, que acogiéndose al Decreto Foral 39/2014, ha repartido parte de su empleo y de su sueldo, con personas desempleadas a lo largo de los tres años que este Decreto Foral lleva en vigor.

Deseamos expresar nuestro agradecimiento a Banatu, que en su acción de impulso de políticas de Reparto del Trabajo (RDT), entendemos, representa a todas las organizaciones sociales que, apartadas de los escenarios públicos y de forma totalmente desinteresada, desarrollan su labor, fundamentalmente, en favor de los derechos de las personas que peor lo están pasando. Porque el RDT supone no solamente favorecer el acceso a un derecho, el derecho al trabajo, reconocido constitucionalmente, sino también conceder una igualdad real de oportunidades, en cuanto a que el empleo, nos guste o no, continúa siendo un factor determinante de la integración social de quienes lo han perdido o nunca lo no han llegado a tener.

Queremos pues, dar traslado de esta distinción recibida, “Punto verde”, a todas aquellas personas, que como nosotros, han decidido acogerse a medidas de reparto del empleo en la Administración. Como dijeron desde Banatu el día del acto, la decisión de repartir el empleo que hemos tomado, es una decisión valiosa y generosa que merece la pena ser destacada. Así pues nuestra enhorabuena a todas las personas que acogiéndose a estas medidas de RDT han posibilitado la realización de más de 800 contratos de trabajo en tres años. Se podrá decir que son pocos: lo son; que son contratos de trabajo temporales: sí, es cierto; pero también entendemos que son empleos de calidad en cuanto a que su retribución, al menos para quienes han desempeñado puestos de trabajo de niveles medios o altos, es correcta, y que no se hubiesen producido sin la voluntad personal de algunas personas de “Repartir”.

Las razones para repartir parte de nuestro empleo y con ello parte de nuestros recursos económicos son muchas y todas válidas. Por un lado está la razón, más altruista, basada en la necesidad de “Trabajar menos para trabajar todos y todas” que apela a la justicia social; y por otro existen razones basadas en el desarrollo de la conciencia libre e individual de cada persona de que hay que “Trabajar menos para vivir mejor”, que apela directamente a nuestra libertad. Y es que, quienes repartimos parte de nuestro empleo y salario, podemos dar fé de que, con un poco más de tiempo para nuestros propios compromisos y proyectos vitales, se vive mejor. Sentirnos solidarios, a todos y a todas, nos hace ser más felices.

Todo nos dice que el trabajo es un bien cada vez más escaso. Los procesos de modernización, automatización y robotización, aplicados al sistema productivo capitalista, no buscan otra cosa que abaratar los “costes” de producción empresariales, ahorrando en “costes laborales”. La crisis económica mundial que estamos padeciendo es una invención ficticia, para no abordar el problema en su origen que no es otro que el de que si el empleo es cada vez más escaso, y la productividad de los y las trabajadoras no solo no baja sino que aumenta, lo que hay que hacer es reducir la jornada para que haya trabajo para todas las personas. Nuestros dirigentes, al menos los que están al más alto nivel político y económico, no quieren abordar los problemas que la desigualdad y la falta de cohesión social suponen para nuestras sociedades. El impulso de medidas de RDT, como condición de la reducción de la jornada que ha de darse con carácter general, es hoy, urgente e imprescindible, para el desarrollo de políticas del Bien Común. O dicho de otro modo, para que llevemos una vida decente.

Para ello, y en lo que respecta a la normativa del personal empleado en el conjunto de las Administraciones, no puede ser que las cargas económicas que conlleven éstas, recaigan únicamente sobre los hombros de este personal, como se viene haciendo hasta ahora. No puede ser que este personal vea reducida la parte de su sueldo en la misma proporción que ve reducida su jornada de trabajo, y que la Administración no soporte ningún tipo de coste; no es correcto porque estamos hablando del desarrollo de políticas sociales que corrigen desequilibrios sociales. Hablamos de cohesionar la sociedad en la que vivimos para de ese modo, podamos vivir todas las personas mejor; y esas competencias han de corresponder justamente a las Administraciones.

Esta carga sobre los hombros del personal de la Administración de sus políticas de RDT, es aun más absurda e injusta cuando la propia Administración es consciente de los retornos que este tipo de medidas conllevan: retornos vía nuevas cotizaciones a la Seguridad Social, retornos vía nuevas recaudaciones de IRPF, retornos vía aumento de la recaudación por impuestos al consumo, retornos en ahorro de prestaciones sociales que hay que prestar a las personas desempleadas, retornos en gastos sanitarios que se producen como consecuencia de una pérdida de salud al perder el empleo, etc, etc. Hemos oído en repetidas ocasiones, nunca son demasiadas, la justificación del “gasto social”, explicando en detalle estos retornos de los que hablo. Pues bien, abórdense de una vez las responsabilidades correspondientes.

Somos conscientes de que no siempre las actitudes o comportamientos individuales van muy lejos. Estamos viviendo una “realidad” en la que se nos ha hecho creer, sobre todo, que no existen alternativas al estado de las cosas, al mundo tal cual es en este momento, despiadado y competitivo; que cada cual tiene lo que se “merece”; que lo mejor es que cada uno mire por sí mismo; que las actitudes comprometidas con la sociedad están pasadas de moda, que estas no son más que las batallas del abuelo, en ocasiones incluso se ridiculizan… En este estado de las cosas y de las conciencias, mantener actitudes o comportamientos contracorriente como puede ser el del Reparto, aunque sean a título individual, es una muestra de resistencia al asalto que sufren las conciencias para que adoptemos posturas personales egoístas e insolidarias.

Tomar la decisión de repartir parte del empleo y sueldo que tenemos significa una liberación de todo el bombardeo ideológico que padecemos y que nos conduce a pensar que lo primero de todo es “tener”, “consumir”… Con esto, sin que apenas seamos conscientes de ello, nos convierten en personas atrapadas en un círculo de trabajo-consumo-trabajo-consumo… Las frustraciones que nos provoca una existencia excesivamente estresada en la que no quedan espacios para el desarrollo de los proyectos de vida personal, las salvamos consumiendo; y para poder seguir haciéndolo, en la medida que nuestra frustración aumenta, tenemos que trabajar más. ¿Cómo pensar en repartir? Cada vez necesitamos más. Y todo esto sin permitirnos, o quizás habría que decir sin que nos permitan, pensar si lo que hacemos es trabajar para vivir, o si es vivir para trabajar. Quizás lo más correcto en este momento sería decir que vivimos para consumir y luego morir. Elegir libremente, en este contexto cultural y social, en la medida de las posibilidades reales de cada cual, “Trabajar menos para trabajar todos – Trabajar menos para vivir mejor” supone un ejercicio de rebeldía y de libertad.



Mertxe Larumbre y Luis Uhalde (trabajadorxs de Gobierno de Navarra)

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